Yo Estuve Ahí

Por la mañana del martes 28, charlaba con el presidente y el vocero de la FENIFUT, acerca de lo que esperábamos de la selección nacional esa noche en el partido de vuelta del repechaje hacia la Copa de Oro 2017. Les comentaba que desafortunadamente no esperaba un resultado positivo para Nicaragua de este partido, tomando como referencia el partido del viernes pasado donde la azulyblanco estuvo maniatada casi todo el partido, con pocas ideas futbolísticas y totalmente desbordada por su similar caribeña.

No hay muchas comparaciones. Haití 1974, Alemania Occidental, Copa del Mundo, que aunque no pasó de la primera ronda y aunque perdió sus tres partidos recibiendo 14 goles logró estar entre las 16 mejores selecciones del mundo. Individualmente, fortaleza física, velocidad y talento futbolístico de un país cuyo deporte número 1 es básicamente el futbol. De los 19 jugadores haitianos convocados, solo dos juegan en su liga local, tres juegan en USA, 10 juegan en Europa, dos en República Dominicana y dos en Asia.

Así que, viendo este panorama, nuestro análisis concluyó que para lograr vencer a un contrario de esa talla, se requería básicamente jugar con alta fineza, es decir, perfecto, donde los errores fueran evitados y donde primara la concentración, la disciplina y el entusiasmo por jugar un deporte haciendo conciencia de que lo importante era usar la mente y exponer alegría y satisfacción. Elementos claves para preparar al cuerpo para alto rendimiento y razonamiento efectivo. Y pues, eso fue exactamente lo que pasó desde las 7:06 hasta las 8:55 de la noche del martes 28 de marzo del 2017 en el estadio nacional de la UNAN.

Vaya que la azulyblanco rompió todos los pronósticos, alteró la historia y demostró que se pueden lograr hazañas de esa naturaleza cuando un equipo bien preparado, bien idealizado, disciplinado, organizado y con alta energía se lo propone. No debo ocultar que la selección visitante hizo propicio todo este apropiado y dorado rendimiento de la nacional pues dieron rienda suelta a una satisfacción desmedida, absolutista y triunfalista de que su participación en la Copa de Oro estaba garantizada sine qua nom por lo que cometieron un gravísimo error y fue cederle el espacio, tiempo y el balón a una selección que venía con el corazón desbordado de energía, coraje y optimismo por lograr la más grande hazaña que selección alguna en nuestra historia podría haber logrado.

Y es que la invasión de conocimientos, de destrezas, de habilidades y técnicas futbolísticas se multiplicó en cada jugador, en cada posición, en cada movimiento y salvo algunos impasses en ciertos lapsos de tiempo, la azulyblanco fue, a falta de otra palabra, perfecta. Ya puedo decir que la distancia entre el salto final del decatlón se va acortando a una esperada velocidad y que se acerca el nuevo amanecer de ?la cenicienta?. La escuadra pinolera liderada por el goleador y alma de equipo, Juanito Barrera, supo combinar el arte del buen futbol con el amor y el orgullo que representa ser hoy los ojos de una nación entera.

Yo vi gritos, vi júbilo, vi lágrimas, vi abrazos, vi risas, vi emoción, sentí la vibración de esos miles de aficionados que fueron testigos de un episodio dulce de nuestra corta carrera futbolística. Escuché y sentí el vibrar de miles de gargantas animando a la escuadra pinolera acompañados de gritos, cantos y vítores. Sentí cuánto puede significar el amor a su país, a su equipo, a sus ídolos. Sentí y viví lo inimaginable, lo que solo un Quijote podría lograr venciendo sus sueños y fantasías para despertar en una realidad más que contundente, la azulyblanco ha conquistado el más preciado cupo hacia el evento más grande a nivel de selecciones del área CONCACAF.

Vi y sentí el silbatazo final de la victoria y la más estruendosa de las celebraciones que al unísono llenaron el espacio reducido del nacional. Una vez más la bandera azul y blanco ondeó en lo más alto del rectángulo. ¡Yo estuve ahí!.


     

7258 Lecturas
comentarios